Ansiedad

Si sientes que la ansiedad está robándote la calma, el sueño, la concentración o el disfrute de las cosas sencillas, quiero que sepas algo importante: no tienes que seguir gestionándolo tú sola o tú solo.
Trabajo desde un enfoque cercano, práctico y adaptado a cada persona.
Más de 15 años de experiencia acompañando a personas a recuperar la tranquilidad.
Soy Berta del Barrio,
psicóloga en Donostia | San Sebastián
Soy Berta del Barrio, y acompaño a personas que necesitan un lugar donde bajar el volumen del ruido mental, comprender qué les está ocurriendo y empezar a recuperar el control de su vida. Mi consulta está en el centro de Donostia-San Sebastián, en Calle Urbieta Kalea, 64, en una ubicación cómoda y accesible y en un espacio pensado para que puedas sentirte cómoda o cómodo desde el primer momento. Sé que pedir ayuda no siempre resulta fácil. Muchas personas llegan a la consulta después de meses o incluso años diciéndose que «ya se les pasará», intentando controlar la ansiedad por su cuenta o pensando que deberían poder con todo. Mientras tanto, siguen trabajando, cuidando de los demás, cumpliendo con sus responsabilidades… aunque por dentro sientan que van con el depósito en reserva.
Mi objetivo es ayudarte a comprender qué te está pasando y qué puedes empezar a cambiar. Si estás buscando una psicóloga especializada en ansiedad, quiero que sepas que puedes venir aunque no tengas claro cómo explicarlo. No necesitas traer un discurso perfecto. Basta con empezar por lo que sí sabes: “no estoy bien”, “no descanso”, “me preocupo demasiado” o “siento que no puedo más”.


Síntomas de ansiedad
La ansiedad puede aparecer de muchas formas. A veces se nota en el cuerpo: presión en el pecho, respiración acelerada, palpitaciones, tensión muscular, molestias digestivas o sensación de nudo en la garganta. Otras veces se presenta como preocupación constante, irritabilidad, miedo a perder el control o dificultad para desconectar. En consulta te ayudo a comprender qué está ocurriendo, por qué tu ansiedad se mantiene y, sobre todo, qué puedes hacer para recuperar una sensación de seguridad y equilibrio.
Cada persona experimenta la ansiedad de una forma distinta, pero algunos síntomas aparecen con mucha frecuencia.
• Palpitaciones o sensación de que el corazón late demasiado deprisa.
• Presión en el pecho o dificultad para respirar con normalidad.
• Tensión en la mandíbula, el cuello, los hombros o la espalda.
• Molestias digestivas, nudo en el estómago o sensación de vacío.
• Mareo, sudoración o temblores.
• Cansancio constante, incluso después de haber dormido.
• Dificultad para conciliar el sueño o despertares durante la noche.
Cuando la ansiedad se mantiene durante mucho tiempo, el cuerpo funciona como un coche que lleva horas con el motor acelerado sin moverse del sitio. Al principio responde. Después empieza a pasar factura. No es casualidad que muchas personas con ansiedad se sientan agotadas aunque no hayan hecho un gran esfuerzo físico. Según el National Institute of Mental Health (NIMH), la ansiedad generalizada puede provocar inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y alteraciones del sueño cuando la preocupación resulta difícil de controlar.
Si el cuerpo acelera… la mente tampoco se queda atrás. La ansiedad convierte los pensamientos en una cadena interminable de «¿y si…?» ¿Y si me equivoco? ¿Y si pasa algo? ¿Y si no soy capaz? ¿Y si decepciono a alguien?
Es como tener un navegador con veinte pestañas abiertas al mismo tiempo. Todas parecen importantes. Todas reclaman atención. Y ninguna deja espacio para descansar. La mente intenta anticiparse a todo porque cree que así evitará el sufrimiento. Pero ocurre justo lo contrario. Cuanto más intentas controlar todos los escenarios posibles, menos tranquilidad encuentras.
También es frecuente que aparezcan:
• Dificultad para concentrarte.
• Sensación de estar siempre en alerta.
• Miedo a perder el control.
• Necesidad de tenerlo todo previsto.
• Irritabilidad o cambios de humor.
• Perfeccionismo y autoexigencia excesiva.
• Culpa cuando intentas descansar.
Y aquí aparece una de las trampas favoritas de la ansiedad. Te convence de que pensar más te ayudará a sentirte mejor. Pero pensar sin parar no siempre significa comprender. A veces solo significa dar vueltas en la misma rotonda. En terapia no buscamos dejar la mente en blanco. Lo que aprendemos es algo mucho más útil: relacionarte con tus pensamientos sin que sean ellos quienes conduzcan tu vida.
Cuándo buscar ayuda profesional
Existe una idea muy extendida que hace mucho daño: «Primero tengo que tocar fondo.» No. No hace falta esperar a estar completamente desbordada o desbordado para pedir ayuda. De hecho, cuanto antes entiendes qué está pasando, antes puedes recuperar la sensación de control. Quizá haya llegado el momento de pedir ayuda si…
• Te cuesta desconectar incluso cuando, por fin, tienes un rato para ti.
• Anticipas problemas antes de que existan y acabas viviendo preocupaciones que nunca llegan a ocurrir.
• Evitas situaciones por miedo a cómo vas a sentirte.
• Notas el cuerpo permanentemente tenso.
• Has dejado de disfrutar de cosas que antes eran importantes para ti.
• Te exiges tanto que nunca sientes que es suficiente.
• Revisas una y otra vez conversaciones, decisiones o errores del pasado.
• Sientes culpa cuando descansas, como si siempre hubiera algo más que deberías estar haciendo.
• Te exiges tanto que cualquier pequeño fallo parece una derrota.
• Estás pendiente de todo y de todos, pero hace tiempo que dejaste de preguntarte cómo estás tú.
Si estás buscando una psicóloga para la ansiedad, probablemente ya hay una parte de ti que sabe que necesitas parar, hablar y poner orden. Mi consulta puede ser ese espacio donde empezar a hacerlo sin juicio, sin prisa y con una mirada profesional.

Por qué pedir cita si sientes que la ansiedad te supera
La mayoría de las personas no piden ayuda en cuanto aparece la ansiedad. Primero intentan gestionarla solas. Piensan que es una mala racha. Que cuando pase este periodo de trabajo estarán mejor. Que cuando los niños crezcan tendrán más tiempo. Que cuando descansen unos días todo volverá a su sitio. Y mientras esperan, hacen un esfuerzo enorme para que nadie note lo que está pasando. La ansiedad también tiene esa capacidad: hacerte creer que puedes con todo… mientras cada día te cuesta un poco más. Y te voy a decir algo que suele sorprender: la mayoría de las personas que viven con ansiedad no son frágiles. Todo lo contrario. Suelen ser personas responsables, comprometidas, perfeccionistas, acostumbradas a sostener mucho peso durante demasiado tiempo. Personas que han aprendido a seguir adelante incluso cuando llevan meses sintiéndose agotadas.
Pedir ayuda no significa que hayas fracasado. Significa que has dejado de luchar sola o solo contra algo que está consumiendo demasiada energía. No vamos a buscar que nunca más sientas ansiedad. La ansiedad forma parte de la vida y tiene una función importante. Lo que sí vamos a trabajar es que deje de tomar decisiones por ti. Que puedas descansar sin sentir culpa. Tomar decisiones sin quedarte atrapada en mil escenarios posibles. Disfrutar de una comida, una conversación o un domingo por la tarde sin que tu cabeza siga resolviendo problemas imaginarios. Porque cuando la ansiedad deja de ocupar todo el espacio, vuelve a aparecer algo que muchas personas habían olvidado: La sensación de tranquilidad. Y no, no es un lujo. Es una forma de vivir que también está a tu alcance.
Cómo puedo ayudarte si la ansiedad está afectando a tu vida
No creo en las recetas que sirven para todo el mundo. Si algo he aprendido en más de 15 años de consulta es que dos personas pueden compartir el mismo problema y, sin embargo, vivir la ansiedad de formas completamente distintas. La ansiedad siempre tiene una historia. Y entender esa historia cambia por completo la forma de abordarla. No trabajo sólo para que desaparezcan los síntomas. Trabajo para comprender qué los ha puesto en marcha, qué los mantiene y qué necesitas cambiar para que recuperes una sensación de calma que no dependa de que todo salga perfecto.
Mi acompañamiento tiene tres objetivos:
- Comprender: Descubrir qué está activando tu ansiedad y qué función está cumpliendo en este momento de tu vida.
- Desenreda: identificar los pensamientos, hábitos y patrones que, sin darte cuenta, alimentan el problema. A veces hacemos cosas con la mejor intención evitar, controlar, anticiparnos que terminan manteniendo la ansiedad.
- Transformar: construir herramientas que puedas utilizar en tu día a día para sentirte más segura, tomar decisiones con mayor tranquilidad y recuperar la confianza en ti.
Porque esto va de que dejes de vivir como si todos los días fueran una emergencia. Y que, empieces a relacionarte contigo de una manera diferente. Y eso suele cambiar muchas más cosas que la ansiedad.


Mi forma de trabajar: cercana, práctica y adaptada a ti
Hay algo que escucho con frecuencia en la primera consulta: «Tenía miedo de venir.» Y casi siempre descubren que no hacía falta. Ir al psicólogo no consiste en que alguien analice cada palabra que dices. Tampoco en recibir una lista de consejos que intentas aplicar durante dos días antes de volver a sentirte igual. Se parece más a encender la luz en una habitación que llevaba tiempo a oscuras. De repente empiezas a ver cosas que siempre habían estado ahí, pero que hasta ese momento pasaban desapercibidas. Mi trabajo consiste en ayudarte a mirar lo que te ocurre con curiosidad, en lugar de hacerlo con culpa. Sin juicios. Sin etiquetas innecesarias. Sin prisas. Hay personas que necesitan entender primero cómo funciona la ansiedad para dejar de tenerle miedo. Otras necesitan aprender herramientas muy concretas para manejar las crisis de angustia. Y otras descubren que la ansiedad era solo la punta del iceberg y que debajo había años de exigencia, perfeccionismo, miedo al rechazo o dificultad para poner límites. Por eso adapto el proceso de acompañamiento psicológico a cada persona. Porque cada historia merece ser escuchada antes de decidir cuál es el mejor camino. Mi objetivo es que dejes de venir porque hayas recuperado recursos, confianza y una forma más amable de relacionarte contigo.
Ansiedad, estrés y depresión: cuando todo se mezcla
Muchas personas llegan convencidas de que tienen ansiedad. Otras creen que lo suyo es estrés. Y algunas piensan que quizá estén atravesando una depresión. La realidad es que estas experiencias pueden parecerse mucho y, en ocasiones, aparecer al mismo tiempo.
Cuando llevas meses viviendo con el sistema nervioso al límite, es normal que aparezca agotamiento. Que te cueste ilusionarte. Que pierdas energía. Que incluso dejes de reconocerte. No significa que seas una persona débil. Significa que llevas demasiado tiempo sosteniendo un peso excesivo.
No me preocupa poner una etiqueta. Me preocupa comprender qué te está pasando. Porque detrás de un mismo síntoma puede haber historias completamente distintas. Y comprender esa diferencia es lo que permite ofrecer una ayuda realmente útil. Si además de la ansiedad notas tristeza persistente, bloqueo, falta de ilusión o una sensación de vacío que no desaparece, podemos explorarlo juntos. No necesitas llegar con respuestas. Ese trabajo lo haremos juntos.
Mi Consulta de psicología
en el centro de Donostia
Si buscas una psicóloga especialista en trastornos de ansiedad en Donostia, puedes escribirme con tranquilidad. Cuéntame qué estás viviendo y valoramos juntas/os cómo empezar.
Preguntas frecuentes
Una buena pregunta no es si tu ansiedad es «lo suficientemente grave». La pregunta realmente importante es: ¿Está afectando a la vida que quieres vivir? Si condiciona tu descanso, tus relaciones, tu trabajo o tu bienestar, ya merece atención. No hace falta esperar a tocar fondo para empezar a encontrarte mejor.
Si. No pasa nada. De hecho, ocurre muy a menudo. Hay personas que llegan diciendo: «Solo sé que ya no puedo seguir así.» Y eso es un magnífico punto de partida. Encontrar las palabras también forma parte del proceso de ordenar lo que sientes.
Sí. Puede aparecer como palpitaciones, tensión, presión en el pecho, molestias digestivas, temblores, mareo o dificultad para dormir. No son síntomas imaginarios. Son respuestas reales de un sistema nervioso que permanece demasiado tiempo en estado de alerta. Aun así, si un síntoma físico te preocupa, conviene consultar también con tu médico.
Sí. Con frecuencia ambas experiencias aparecen juntas. Mi trabajo consiste en entender cómo se relacionan en tu caso y ayudarte a recuperar equilibrio, energía y bienestar desde una intervención adaptada a ti.
Si. La adolescencia es una etapa llena de cambios, presión y búsqueda de identidad. Cuando la ansiedad aparece en ese momento, puede afectar a la autoestima, las relaciones, el rendimiento académico y la confianza personal. Acompaño a adolescentes y a sus familias para que entiendan qué está ocurriendo y puedan afrontar esta etapa con más recursos y menos miedo.
